A veces una imagen explica más que mil consejos
Hay momentos en los que alguien intenta explicarnos cómo nos sentimos y, aun así, seguimos sin encontrar las palabras. Nos preguntan qué nos pasa y respondemos con un simple "no lo sé", no porque no queramos explicarlo, sino porque ni nosotros mismos terminamos de entenderlo.
Sin embargo, basta ver una imagen, un dibujo o una ilustración para que, de repente, algo haga clic. Es como si esa imagen consiguiera expresar en unos segundos lo que llevábamos meses intentando poner en palabras.
Nos vemos reflejados en ella. Sentimos que alguien ha entendido exactamente cómo nos sentimos.
Y eso produce algo muy valioso: dejamos de sentir que somos los únicos a quienes les pasa.
Porque, muchas veces, comprender una emoción no empieza con una explicación compleja. Empieza cuando conseguimos verla desde otro lugar.
Explicación sencilla
Nuestro cerebro no procesa toda la información únicamente a través del lenguaje. Gran parte de lo que vivimos tiene un componente emocional que resulta difícil describir con palabras.
Por eso, en psicología, las metáforas, los dibujos o las imágenes pueden convertirse en herramientas muy útiles. No porque expliquen toda la complejidad de una persona, sino porque ayudan a representar experiencias que, de otra manera, serían difíciles de comprender.
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